domingo, 10 de octubre de 2021

El hombre linterna - Donald Schenkler/ Traducción: Jorge Luján


 



MENDIGOS 



De noche los robles

se apiñan alrededor de las ventanas

en busca de luz.


Cuando soplamos nuestras lámparas

ellos miran las estrellas.



ANIMACIÓN


para Tobey Hiller


Estoy armando un pájaro, aprendiendo

a unir tallitos, trozos de papel y motas de polvo

con saliva, uñas cortadas y trenzas de pelo.

Paso horas con la materia entre mis dedos toscos,

casi no respiro sobre las delicadas soldaduras, los nudos

exquisitos, y trato de no pensar en la hora en que esté listo,

posado frente a mí.


La hora llegará, sin duda. Tendré que hacer

algo, supongo; poner unas pocas palabras en su pico

como si yo fuera un mago de antaño, capaz de ejecutar

una caligrafía primitiva, densa,

como minúsculas biblias en la piel inmaculada

de pájaros no nacidos, quizá, pero ¿qué

pájaros? ¿Y qué palabras? ¿Y cómo plegaré

y plegaré este pequeño mensaje

para que calce? ¿Y funcione?


Pienso concentrarme en la garganta más bien, conformarme

con la aptitud para el canto, pero hay canciones y canciones;

el canto que tengo en mente no es el que

los pájaros conocen. Las alas son más fáciles de moldear.

Las alas no son abstractas. Imagino

alas levantando limpiamente el peso.


Como si ya hubiera sucedido, me imagino presionando un 

dedo contra la lámpara bajo la que he estado trabajando,

manteniéndolo allí hasta que la piel se quema,

luego se ampolla, luego se enfría, luego se seca; y dentro

del pulcro circulito, apenas hay espacio suficiente

para mi nombre completo, firmado de manera legible con

puro plasma.


El pájaro trata de decir algo, en mi mente, y provoca

un salto en mi corazón. Atento a los latidos,

lo recojo, lo aprieto dentro de mi camisa para abrigarlo,

lo llevo hasta la pradera elegida donde

lo poso sobre mi dedo y, contando al revés hasta cero,

lo impulso hacia arriba con una limpia pincelada de mi brazo.



RETRATO DE UN INTERIOR ILUMINADO POR CANDILES 

SUSPENDIDO EN LA LADERA DE UNA COLINA CON 

ROBLES AL ANOCHECER



El reflejo de la habitación se proyecta en voladizo

en el aire oscuro, fino

al otro lado de la ventana panorámica


al revés. Se ve la luz de las lámparas interiores.

Se ven las paredes atajando la oscuridad.

Se ve la bacha repleta de platos sucios

vacilando en el aire a quince metros

bajo la línea de condensación de los robles.

Se nos ve a tí y a mí en la mesa ya despejada

mirando esa habitación complementaria con


nuestros rostros apenas enfocados. En realidad no

hay una habitación allí afuera. Es sólo

la luz de la casa alcanzando la nada habitual

y delatando nuestra presencia. Preferiría 

que no hubiera más

lugar que éste en el el que estamos;

ninguna otra habitación

donde tú y yo posáramos

bajo tan maravillosa luz.


Donald Schenker, El hombre linterna, Ediciones Recovecos, Córdoba, 2012.

Traducción: Jorge Luján


Donald Schenker (1930-1993) nació en Coney Island, Nueva York. A finales de los 50, él y su mujer, se establecieron en Berkeley, California. Su primer libro, Poemas (1957), publicado junto a David Meltzer, se convertiría en una pieza clave de aquella mítica generación de posguerra estadounidense más conocida como Beat generation. Enfermo de cáncer, después de haberse retirado en 1985 para dedicar su vida a la literatura, murió en 1993.


***



BEGGARS


Nights the oaks

crowd around the windows

for light.


When we have blown out the lamps

they watch the stars.



THE ANIMATION

for Tobey Hiller


I am putting together a bird, learning

to keep small sticks, torn paper and flluffs of dust together

with spit, fingermail parings and strands of hair.

I spend hours over the thing in my thick fingers,

scarcely breathing over delicate weldings, exquisite knots,

trying not to think I´ll finish when the time comes and have it

just sit there.


The time will come, of course. I´ll have to do

something, I suposse; fit a few words in its beak

as if I were a mage of yore, able to do primal

calligraphy, densely,

like tiny bibles on the umblemished skin of unborn

birds, maybe, but which

bird? And which word? An how will I fold

and fold again this morsel message

so it will fit? And work?


I´ve considered concentrating on the throat instead, settling

for the power to sing, but there are songs and there are songs;

the singing I have in mind isn´t the kind

birds do. Wings are easier to fashion.

Wings are not abstract. I imagine

wings clearly lifting the weight.


As if it´s already taken place, I imagine clearly

pressing my finger to the ligth under which I¨ve been working

and holding it there until the skin burns,

then blisters, then cools, then dries; and there being

just room enough within the small, trimmed circle

for my full name, signed legibly in clear plasma.


The bird, in my mind, tries to say something, causing

a pounding of my heart. Counting beats,

I gather it up, tuck it in my shirt to keep it warm,

carry it to the designated meadow where

I set it on my finger and, coming to zero,

wave at the sky with one clear stroke of my arm.


PORTRAIT OF A LAMPLIT INTERIOR SUSPENDED OVER A 

HILLSIDE WITH OAKS AT DUSK


The reflected room cantilevers out

into dark, thin air

the other sid of the picture window


backwards. There´s the interior lamplight.

There´s the walls blocking out the darness.

There´s the sink behind us hovering

under the dewline of the oak fifty feet away

filled with dirty dishes.

There´s you and I at the table just cleared

seeing our other room with


ephemeral focus on our faces. There´s no

real room out there. It´s only

light from  the house

reaching for the usual nothing

and being betrayed back to us. There´d


better not be any other

place than where we are; no room

where you and I pose

in light more wonderful than this.


Donald Schenkler






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